Parroquia de San Antonio Abad y Nuestra Señora de El Pilar en Burgos

10.11.2025 | Rodrigo García Puente El pasado sábado 18 de octubre, un nutrido grupo de familias de las parroquias que formamos la Unidad Pastoral de San Antonio Abad y de Nuestra Señora de El Pilar, vivimos una preciosa jornada de convivencia en el Monasterio Cisterciense de San Pedro de Cardeña, muy cerca de Burgos capital.

Foto de grupo con el Abad, frente al Monasterio

Por supuesto, Jesús María y Heriberto, párrocos in solidum, nos acompañaron en una oportunidad estupenda para iniciar el curso pastoral compartiendo fe, alegría y amistad en un entorno lleno de historia, oración y paz.

Amaneció un precioso día de otoño, y la jornada arrancó a las 11:30 h., con la salida programada desde el aparcamiento de los Salesianos (Padre Aramburu). Nos habíamos dado cita a las 12:00 h. en el monasterio, donde fuimos acogidos con gran amabilidad por la comunidad cisterciense. El hermano Román nos acompañó en una interesante visita guiada, ayudándonos a descubrir la historia, el arte y la espiritualidad de este lugar que lleva siglos siendo un faro de fe y silencio en nuestra tierra. El monasterio es tan grande que, como él mismo nos decía con humor, “¡apenas hemos visto una cuarta parte!”. Llama la atención su buen estado de conservación y muy especialmente la capilla dedicada a la familia de El Cid, dónde se encuentran los sarcófagos de Don Rodrigo Díaz de Vivar (El Cid) y de su esposa Doña Jimena, junto a otros personajes ilustres de la época y familiares, que tanto vínculo tienen con nuestra tierra.

Capilla del Cid, con los sarcófagos de El Cid y Doña Jimena

Después de la visita, a las 13:00 h., celebramos un momento de oración comunitaria junto a las familias, poniendo en manos del Señor este nuevo curso pastoral. Fue un momento sencillo, pero muy profundo, en el que niños, jóvenes y adultos compartimos la alegría de rezar juntos y cantar «a capela» con la guía de nuestro coro parroquial que, al menos en parte, estaba allí presente.

A las 14:00 h. llegó el momento de la comida compartida, en un salón dispuesto por la comunidad Cisterciense, dónde, cada familia aportó algo para disfrutar en común. No faltaron los saludos, las risas y los buenos momentos alrededor de la mesa, que siempre fortalecen los lazos de comunidad.

Ya por la tarde, mientras los más pequeños disfrutaban un rato de juegos, paseo y convivencia en los alrededores del monasterio, los mayores compartíamos el café y dulces posteriores a la comida.

Para finalizar la jornada de convivencia, tuvimos la suerte de visitar la bodega del monasterio, que sólo se suele abrir al público una vez al año, guiados por el abad Roberto de la Iglesia, quien nos explicó con cercanía la tradición vinícola del monasterio y cómo esta labor se integra en la vida de oración y trabajo propia de la Orden Cisterciense.

Entrada a la bodega del Monasterio

A las 18:00 h. emprendimos el regreso a Burgos, con el corazón lleno de gratitud por este día compartido. Fue una jornada para fortalecer la amistad, reencontrarnos después del verano y recordar que la fe se vive también en lo cotidiano: comiendo juntos, riendo, orando y caminando como una sola familia parroquial.

Impresionante montaña de botellas en la bodega

Sin duda, una manera preciosa de dar comienzo a el curso pastoral, dando gracias a Dios por el don de la comunidad y por el testimonio de los monjes cistercienses de San Pedro de Cardeña, que nos acogieron con tanta hospitalidad.

4 respuestas

    1. Gracias por tu comentario, Lourdes
      ¡Lo pasamos genial!

    1. La verdad que sí, a ver si podemos repetir no tardando mucho. ¡Gracias por venir!

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