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Parroquia de San Antonio Abad y Nuestra Señora de El Pilar en Burgos

12.04.2026 Este II Domingo de Pascua celebramos el Domingo de la Divina Misericordia, una fiesta que nos recuerda algo profundamente humano y profundamente cristiano: Dios no se cansa de buscarnos, incluso cuando nosotros estamos cansados, heridos o con miedo.

El Evangelio de hoy nos presenta a los discípulos encerrados, con las puertas cerradas. No estaban celebrando la Resurrección con alegría, sino escondidos, todavía con el corazón temblando por todo lo vivido. Y justo ahí, en medio de su miedo, Jesús se hace presente.

¿Cuántas veces nosotros también vivimos así? Con “puertas cerradas” por dentro: preocupaciones, dudas, cansancio, heridas del pasado… Y sin embargo, Jesús no espera a que todo esté perfecto. Él entra, se pone en medio y nos dice: “Paz a vosotros”.

Ese es el mensaje de este domingo: la misericordia de Dios llega donde tú no llegas y la paz de Cristo no depende de que todo vaya bien.

Y este domingo lo vivimos con alegría especial: todavía estamos con esa “resaca emocional” tan bonita de la reapertura de la Ermita de San Amaro, y este domingo vuelve a estar presente en nuestra mesa dominical con la Eucaristía de las 12:15 h, en ese recinto sacro tan querido por todos.

Lectura del Santo Evangelio (Juan 20, 19-31)

Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo:

«La paz esté con vosotros».

Y, diciendo esto, les mostró las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:

«La paz esté con vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».

Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:

«Recibid el Espíritu Santo. A quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:

«Hemos visto al Señor».

Pero él les contestó:

«Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no lo creo».

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se presentó en medio y dijo:

«La paz esté con vosotros».

Luego dijo a Tomás:

«Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente».

Contestó Tomás:

«¡Señor mío y Dios mío!»

Jesús le dijo:

«¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto».

Jesús realizó en presencia de los discípulos otros muchos signos que no están escritos en este libro. Estos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre.

Palabra del Señor.

Salmo 117: «Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia»

Este salmo es un canto de victoria y confianza. Es el salmo que la Iglesia proclama con fuerza en Pascua porque resume la gran noticia cristiana: Dios es fiel, Dios salva, Dios no abandona.

La frase “es eterna su misericordia” no es solo una expresión bonita: es una verdad que sostiene nuestra vida. Significa que Dios no se cansa de perdonar, que su amor no depende de nuestras fuerzas ni de nuestra perfección.

Y hoy, en el Domingo de la Divina Misericordia, este salmo se convierte en un eco del Evangelio:

  • Jesús entra con paz.
  • Jesús muestra sus heridas.
  • Jesús perdona y devuelve esperanza.

Por eso repetimos con alegría:

¡Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia!

Reflexión personal y pregunta

El personaje que destaca hoy es Tomás. Y a veces lo juzgamos, pero en realidad Tomás representa a muchos de nosotros.

Tomás no es un rebelde, ni un indiferente. Tomás es alguien que ama, pero que está roto por dentro. Quiere creer, pero le cuesta. Y lo más hermoso del Evangelio es que Jesús no lo humilla ni lo rechaza. Al contrario: vuelve por él.

Cristo no se escandaliza de nuestras dudas.

Cristo no se aleja cuando no entendemos.

Cristo se acerca más.

Y cuando Tomás toca las heridas, no solo descubre que Jesús está vivo… descubre que las heridas no han desaparecido, pero ahora son señales de amor. Señales de victoria.

Parta que reflexiones, te lanzamos la siguiente pregunta: ¿Qué puerta de mi vida está cerrada por miedo, y necesito abrir para que Jesús me regale su paz?

Horarios de misas – Domingo 12 de abril de 2026

Este domingo vuelve la catequesis y compartimos los horarios de nuestras celebraciones:

  • 11:00 h. – Nuestra Señora de El Pilar
  • 12:15 h. – Ermita de San Amaro
  • 13:15 h. – San Antonio Abad

Reflexión final: “La paz esté con vosotros”

El Evangelio de hoy nos deja una frase sencilla, pero poderosa: “La paz esté con vosotros”. No es una paz superficial. No es “todo va bien”. Es la paz que viene de saber que Cristo ha vencido, que sigue presente y que camina con nosotros.

Este domingo de la Divina Misericordia es una invitación clara:

  • No tengas miedo de volver.
  • No tengas miedo de dudar.
  • No tengas miedo de acercarte a Jesús tal como estás.

Él no viene a señalarte, viene a levantarte. Y sus palabras siguen siendo las mismas para ti hoy: “No seas incrédulo, sino creyente”.

Que el Señor nos conceda vivir esta Pascua con un corazón abierto, con fe renovada y con el deseo de ser testigos de su misericordia.

Si quieres profundizar más en el Evangelio de este domingo, te invitamos también a ver el video correspondiente en el canal “Evangelio y Reflexión”.

Unidos en oración. ¡Feliz Domingo de Pascua y de la Divina Misericordia

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