08.03.2026 En este III Domingo de Cuaresma, el Evangelio nos presenta uno de los encuentros más profundos del Evangelio: el diálogo entre Jesús y la mujer samaritana en el pozo. Un encuentro aparentemente cotidiano que termina transformando la vida de aquella mujer. 
Jesús se acerca a ella con una petición sencilla: “Dame de beber”. Pero poco a poco el diálogo revela una verdad mucho más profunda: todos tenemos sed, una sed interior que no se sacia solo con lo material, con el trabajo o con las rutinas de cada día. Por eso la frase que hoy destacamos del Evangelio expresa un deseo muy humano y muy espiritual: “Señor, dame esa agua, así no tendré más sed ni tendré que venir a sacarla”.
Jesús se presenta como el Agua Viva, la que realmente puede saciar el corazón humano.
Este domingo, además, tiene un significado especial en nuestra comunidad, ya que celebramos el primer escrutinio del catecúmeno Dennis López, que continúa su camino de preparación para recibir los sacramentos de iniciación cristiana. Rezamos por él y por todos los catecúmenos que, como la samaritana, van descubriendo poco a poco la presencia de Jesús en su vida.
Además, en este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, el Evangelio nos presenta a una mujer como protagonista de un encuentro que cambia su vida. Jesús se acerca a ella con respeto y le confía una misión. En un mundo donde aún existen divisiones, conflictos y sufrimiento en muchos lugares, este diálogo junto al pozo nos recuerda que el encuentro, la escucha y el reconocimiento de la dignidad de cada persona siguen siendo camino de paz y esperanza.
Lectura del santo Evangelio (Juan 4, 5-42)
En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaría llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al pozo. Era cerca del mediodía.
Llega una mujer de Samaría a sacar agua, y Jesús le dice:
«Dame de beber».
Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida.
La samaritana le dice:
«¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?»
Porque los judíos no se tratan con los samaritanos.
Jesús le contestó:
«Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice “dame de beber”, le pedirías tú, y él te daría agua viva».
La mujer le dice:
«Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva? ¿Eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo?».
Jesús le contestó:
«El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna».
La mujer le dice:
«Señor, dame esa agua, así no tendré más sed, ni tendré que venir a sacarla».
Jesús le dice:
«Anda, llama a tu marido y vuelve».
La mujer le contesta:
«No tengo marido».
Jesús le dice:
«Tienes razón, que no tienes marido: has tenido cinco, y el de ahora no es tu marido».
La mujer le dice:
«Señor, veo que tú eres un profeta».
La mujer dejó su cántaro, fue al pueblo y dijo a la gente:
«Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho; ¿será este el Mesías?».
Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él.
Muchos samaritanos creyeron en él por el testimonio de la mujer.
Salmo 94: “Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón»”
El salmo de hoy es una invitación directa a abrir el corazón a Dios. A veces, como el pueblo de Israel en el desierto, podemos cerrarnos o acostumbrarnos a vivir sin escuchar la voz del Señor. Pero la Cuaresma es precisamente un tiempo para volver a escuchar, para dejar que Dios hable a nuestra vida y transforme nuestro interior.
Reflexión personal
La mujer samaritana llega al pozo como un día más, siguiendo una rutina que parece igual a todas las demás. Pero en su interior carga una historia y un duelo silencioso que nadie ve. En el encuentro con Jesús, esa rutina se rompe y lo que llevaba dentro comienza a encontrar luz y sentido.
A veces seguimos adelante con lo cotidiano mientras dentro hay preguntas que evitamos y que nos pesan. Hoy, te invitamos a contestar la siguiente:
¿Qué partes de tu historia siguen pidiendo ser escuchadas?
Horarios de misas
- 11:00 h. en Nuestra Señora de El Pilar y San Antonio Abad (misa de catequesis).
- 13:15 h. en San Antonio Abad.
Reflexión final
El encuentro de Jesús con la samaritana nos recuerda que Dios sale siempre a nuestro encuentro, incluso en medio de nuestras rutinas, nuestras dudas o nuestras heridas. Él conoce nuestra historia y aun así nos ofrece el agua viva que da sentido y esperanza.
Que esta Cuaresma sea un tiempo para acercarnos al pozo donde nos espera Jesús, dejar que nos hable al corazón y permitir que su amor sacie nuestra sed más profunda.