Ir al contenido principal

Parroquia de San Antonio Abad y Nuestra Señora de El Pilar en Burgos

19.04.2026 A veces vivimos la fe como aquellos dos discípulos del Camino de Emaús: caminamos, hablamos, incluso recordamos lo que Jesús hizo… pero por dentro estamos tristes, confundidos o desanimados. Sentimos que algo se rompió, que lo que esperábamos no salió como imaginábamos.

El Evangelio de este III Domingo de Pascua nos recuerda una verdad muy sencilla pero profundamente consoladora: Jesús Resucitado no se aleja de nosotros cuando estamos desanimados, sino que se acerca más.

Quizá no siempre lo reconocemos, quizá pensamos que está ausente… pero Él camina a nuestro lado, escucha nuestras preocupaciones, y en el momento oportuno nos ilumina con su Palabra y nos alimenta con su presencia. Este Evangelio nos invita a preguntarnos: ¿Cuántas veces Jesús ha estado conmigo y yo no me he dado cuenta?

Para terminar, os comentamos que ayer, el grupo de Confirmación vivió una hermosa convivencia, compartiendo fe, alegría y comunidad. Y os animamos también a participar esta tarde en el Vía Lucis en el Monasterio de las Huelgas a las 17:00 h. (entrada a las 16:45 h., puerta frente al Restaurante Abadengo), un recorrido orante por el claustro para acompañar a Jesús Resucitado.

Lectura del Santo Evangelio (Lucas 24, 13-35): Los discípulos de Emaús

Aquel mismo día, el primero de la semana, dos de los discípulos iban a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos sesenta estadios; iban conversando entre sí de todo lo que había sucedido.

Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.

Él les dijo: «¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?» Ellos se detuvieron con aire entristecido.

Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió: «¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabe lo que ha pasado allí estos días?»

Él les dijo: «¿Qué?» Ellos le contestaron: «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras ante Dios y ante todo el pueblo; cómo los sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron a la pena de muerte y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel; pero ya ves: hace ya tres días que sucedió todo esto.

Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana al sepulcro y no encontrando su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que decían que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron tal como habían dicho las mujeres, pero a él no lo vieron».

Entonces él les dijo: «¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?»

Y, comenzando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre él en todas las Escrituras.

Cuando se acercaban a la aldea adonde iban, él hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le apremiaron diciendo: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída». Y entró para quedarse con ellos.

Y sucedió que, cuando se sentó a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron; pero él desapareció de su vista.

Y se dijeron uno a otro: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?»

Y levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los once con sus compañeros, que estaban diciendo: «Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón». Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Palabra del Señor.

Salmo 15: «Señor, me enseñarás el sendero de la vida»

El Salmo de hoy es una oración llena de confianza. No es el salmo de alguien que tiene todo resuelto, sino de alguien que decide apoyarse en Dios incluso en medio de la incertidumbre.

Cuando repetimos: «Señor, me enseñarás el sendero de la vida», estamos diciendo: “Señor, guíame… aunque yo no vea claro el camino.”

Este salmo encaja perfectamente con el Evangelio de Emaús: los discípulos estaban caminando sin rumbo interior, con el corazón apagado, pero Dios estaba guiando cada paso. Aunque no lo sabían, Jesús mismo era el sendero.

Este salmo nos recuerda que la vida cristiana no es solo esfuerzo humano: es aprender a dejarnos conducir por el Señor, confiando en que Él no abandona.

Reflexión personal y propuesta de pregunta

Los discípulos de Emaús representan a muchas personas hoy: creen, pero están cansados; aman a Dios, pero se sienten decepcionados; siguen caminando, pero con el corazón herido.

Jesús no les reprocha primero su tristeza: camina con ellos. Los escucha. Los acompaña. Y después les ilumina con su Palabra. Y cuando parte el pan… lo reconocen.

Esto nos enseña algo esencial: Jesús se deja encontrar en dos lugares muy concretos: en la Palabra de Dios yen la Eucaristía. Por eso la misa no es solo un “cumplir”: es un encuentro real con el Resucitado.

Pregunta para esta semana: ¿En qué momento de mi vida siento que estoy caminando como los discípulos de Emaús, sin esperanza… y qué le estoy contando a Jesús en ese camino?

Horarios de misas – Domingo 19 de abril

  • A las 11:00 h. en Nuestra Señora de El Pilar y en San Antonio Abad (Catequesis).
  • A las 12:15 h. en la Ermita de San Amaro
  • A las 13:15 h. en San Antonio Abad.

Aviso especial: Vía Lucis en el Monasterio de las Huelgas

Este domingo 19 de abril por la tarde, se celebrará en el Monasterio de las Huelgas el “Vía Lucis” (Camino del Resucitado), un recorrido orante por el camino de Jesús Resucitado.

  • Hora: 17:00 h.
  • Entrada: puerta frente al Restaurante Abadengo (a las 16:45 h.).
  • Lugar: Claustro del Monasterio de las Huelgas.
  • Organiza: Comunidad Testigos del Resucitado.

Una oportunidad preciosa para vivir la Pascua desde la oración y el encuentro con Cristo vivo.

Reflexión final: “Quédate con nosotros”

El corazón del Evangelio de hoy está en una frase que también puede ser nuestra oración: «Quédate con nosotros, Señor.»

Los discípulos no reconocieron a Jesús al principio, pero cuando lo invitaron a quedarse, su vida cambió. Y eso es lo que Jesús sigue esperando hoy: que le abramos la puerta, que lo invitemos a entrar en nuestra casa, en nuestras preocupaciones, en nuestras dudas, en nuestras heridas.

Porque cuando Jesús entra, todo cambia:
la tristeza se convierte en esperanza,
el miedo en fe, y el camino sin sentido se transforma en misión.

Pidamos al Señor que esta Pascua renueve nuestro corazón, y que también nosotros podamos decir con alegría:
“¡Es verdad, el Señor ha resucitado!”

Que el Señor bendiga a toda nuestra comunidad parroquial. Y si deseas profundizar en este Evangelio, te invitamos a ver el video relacionado en el canal de YouTube “Evangelio y Reflexión”.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *