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Parroquia de San Antonio Abad y Nuestra Señora de El Pilar en Burgos

21.06.2026 Este fin de semana nuestra Unidad Pastoral ha vivido momentos muy especiales de encuentro, convivencia y fe que nos ayudan a comprender mejor el mensaje que Jesús nos dirige en el Evangelio de este XII Domingo del Tiempo Ordinario.

Ayer disfrutamos de una magnífica jornada de convivencia y viaje cultural por tierras burgalesas. Comenzamos con la visita a la antigua bodega de Sotillo de la Ribera, continuamos descubriendo la riqueza histórica y artística de la Colegiata y la Plaza Mayor de Peñaranda de Duero, compartimos la comida en Hontoria de Valdearados y finalizamos la jornada en Caleruega, donde celebramos la Eucaristía antes de regresar a Burgos.

También el pasado jueves por la tarde algunos de los niños y niñas que este año recibieron la Primera Comunión participaron en una entrañable convivencia. Tras asistir a la misa de las 19:00 horas, pudieron conocer los entresijos del campanario de nuestra iglesia, pasear por la bóveda del templo y disfrutar después de un rato de juegos, merienda y convivencia junto al parque situado frente a la parroquia.

Todas estas experiencias tienen algo en común: nos recuerdan que la fe se vive en comunidad, caminando juntos, compartiendo alegrías y descubriendo la presencia de Dios en los pequeños momentos de la vida cotidiana. Precisamente eso es lo que nos invita a recordar Jesús en el Evangelio de hoy.

Evangelio según San Mateo (10, 26-33)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay encubierto, que no llegue a descubrirse; ni nada hay escondido, que no llegue a saberse.

Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a la luz, y lo que os digo al oído, pregonadlo desde la azotea.

No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No; temed al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la “gehenna”. ¿No se venden un par de gorriones por un céntimo? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo: valéis más vosotros que muchos gorriones.

A quien se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los cielos».

Reflexión y pregunta

La frase que ilumina este domingo es clara y reconfortante: «Por eso, no tengáis miedo: valéis más vosotros que muchos gorriones».

Jesús dirige estas palabras a sus discípulos para prepararlos ante las dificultades que puedan encontrar en su misión. Sabe que seguirle no siempre será fácil, pero también quiere que tengan la certeza de que Dios no abandona nunca a quienes ponen su confianza en Él.

Para explicar esta verdad, Jesús utiliza la imagen de los gorriones, aves sencillas y comunes que, sin embargo, no pasan desapercibidas ante los ojos de Dios. Si el Padre cuida de ellas, cuánto más cuidará de cada uno de nosotros, sus hijos amados.

Un mensaje muy actual. Vivimos tiempos en los que el miedo puede aparecer de muchas formas: incertidumbre ante el futuro, preocupaciones familiares, dificultades económicas, problemas de salud o simplemente el temor a no estar a la altura de lo que la vida nos pide.

Ante todo ello, Jesús repite hoy a cada uno de nosotros: «No tengáis miedo».

No se trata de ignorar los problemas ni de fingir que no existen. Se trata de afrontarlos sabiendo que Dios camina a nuestro lado. Nuestra vida tiene un valor inmenso para Él. Somos conocidos, amados y acompañados por el Señor en cada circunstancia.

Las experiencias compartidas estos días en nuestra comunidad parroquial son un buen ejemplo de ello. Cuando rezamos juntos, cuando aprendemos unos de otros, cuando convivimos y compartimos la alegría de la fe, descubrimos que no estamos solos. Dios se hace presente en la comunidad cristiana y nos fortalece para seguir adelante.

Para esta semana, el Evangelio nos invita a preguntarnos:

  • ¿Qué miedo necesito poner hoy en las manos del Señor?
  • ¿Confío realmente en que Dios cuida de mí?
  • ¿Cómo puedo transmitir esperanza y confianza a quienes me rodean?

Pidamos al Señor que nos conceda una fe firme y confiada, capaz de superar los temores y de anunciar con alegría que somos hijos amados de Dios.

Que María, Nuestra Señora del Pilar, San Amaro y San Antonio Abad intercedan por nosotros para que vivamos cada día con la certeza de que el Señor nos acompaña y nunca nos abandona.

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