Ir al contenido principal

Parroquia de San Antonio Abad y Nuestra Señora de El Pilar en Burgos

28.06.2026 Con este XIII Domingo del Tiempo Ordinario comenzamos, para muchos, el periodo estival. Llegan los días de vacaciones, cambian los horarios y, poco a poco, bajamos las pulsaciones del ritmo cotidiano. Es un tiempo propicio para descansar, compartir más momentos con la familia y recuperar fuerzas.

 

Además, mañana, 29 de junio, celebraremos la solemnidad de San Pedro y San Pablo, una de las grandes fiestas de la Iglesia. En Burgos coincide también con nuestras fiestas mayores, jornadas de alegría, encuentro y celebración para toda la ciudad.

Precisamente en medio de este ambiente de descanso y de fiesta, el Evangelio nos recuerda cuál es el verdadero centro de nuestra vida. Jesús nos invita a no perder de vista lo esencial, incluso cuando cambian nuestras rutinas. Porque también el verano puede ser un tiempo privilegiado para seguir creciendo en la fe.

«El que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mí… El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará.»

(Mt 10, 38-39)

Estas palabras pueden parecer exigentes, incluso difíciles de comprender. Sin embargo, Jesús no nos habla de buscar el sufrimiento por el sufrimiento, sino de aprender a amar con generosidad. Seguirle significa ponerle en el primer lugar de nuestra vida, por encima de nuestros intereses, comodidades o seguridades.

La cruz que cada uno lleva tiene nombres muy concretos: una enfermedad, una preocupación familiar, el esfuerzo diario por sacar adelante un hogar, el cuidado de quienes más lo necesitan, el perdón que cuesta ofrecer o la fidelidad en los pequeños compromisos de cada día. Jesús nos asegura que ninguna de esas cruces, vividas con amor, carece de sentido.

También nos habla de una aparente paradoja: quien intenta conservar su vida solo para sí acaba perdiéndola; quien aprende a entregarla por amor descubre la verdadera felicidad. Es una lógica distinta de la del mundo, pero es la lógica del Evangelio.

En este tiempo de verano podemos preguntarnos:

  • ¿Seguiré reservando un espacio para Dios durante las vacaciones?
  • ¿Buscaré participar en la Eucaristía dominical aunque esté fuera de casa?
  • ¿Seré capaz de dedicar tiempo a quienes más lo necesitan?
  • ¿Viviré estos días con gratitud, sencillez y generosidad?

El Evangelio concluye recordándonos que hasta el gesto más pequeño realizado con amor tiene un valor inmenso ante Dios. Un vaso de agua ofrecido al que lo necesita, una palabra de ánimo, una visita, una sonrisa o un servicio humilde nunca pasan desapercibidos para el Señor.

En este comienzo del verano, nuestro corazón también se dirige hacia tantas familias que sufren. Rezamos especialmente por las víctimas del devastador terremoto que ha sacudido Venezuela, por quienes han perdido la vida, por los heridos, los desaparecidos y por todos aquellos que trabajan sin descanso en las labores de rescate y ayuda. Que el Señor fortalezca a quienes lloran y suscite en todos nosotros la solidaridad y la esperanza.

Que este comienzo del verano, junto con la alegría de las fiestas de San Pedro y San Pablo y de las fiestas mayores de Burgos, sea también una oportunidad para renovar nuestro seguimiento de Cristo. Porque quien pone su confianza en Él descubre que la vida entregada por amor nunca se pierde; al contrario, se encuentra en plenitud.

Feliz Domingo del Señor.

Lectura del santo evangelio según san Mateo (Mt 10, 37-42)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:

«El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mí.

El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará. El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta, tendrá recompensa de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo, tendrá recompensa de justo.

El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, solo porque es mi discípulo, en verdad os digo que no perderá su recompensa».

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *