19.07.2026 Seguimos avanzando en este tiempo estival, unas semanas marcadas por el descanso para muchos, por los encuentros familiares y por un ritmo diferente que también nos invita a cuidar nuestra vida interior. Al recorrer nuestros pueblos y campos contemplamos estos días la siega de los cereales, un paisaje que nos ayuda a comprender mejor el Evangelio que la Iglesia nos propone este domingo. Allí donde el trigo madura y llega el momento de la cosecha, Jesús vuelve a hablarnos del Reino de Dios con imágenes que todos podemos reconocer. 
Este tiempo también nos recuerda la importancia de cuidar la creación y de actuar con responsabilidad. Las altas temperaturas que estamos sufriendo aumentan el riesgo de incendios, por lo que queremos hacer un llamamiento a la prudencia y al cuidado de nuestro entorno. Rezamos especialmente por todas las personas afectadas por los incendios, de manera particular por las víctimas del reciente incendio en Almería, así como por quienes trabajan incansablemente en las labores de extinción y protección.
Nuestra oración se dirige igualmente hacia las víctimas del terremoto en Venezuela, pidiendo al Señor consuelo para quienes han perdido a sus seres queridos, fortaleza para los heridos y esperanza para todos los afectados. Tampoco olvidamos a quienes siguen sufriendo el drama de la guerra en tantos lugares del mundo, donde la violencia continúa sembrando dolor e incertidumbre.
Y, en un tono más alegre, queremos desear mucha suerte a nuestra Selección Española de Fútbol, que este domingo disputa la final del Mundial frente a nuestra hermana Argentina. Que el deporte siga siendo un espacio de convivencia, respeto y fraternidad entre los pueblos.
Todas estas realidades encuentran eco en el Evangelio de hoy. Jesús nos presenta la parábola del trigo y la cizaña, recordándonos que en el mundo conviven el bien y el mal. A veces quisiéramos que todo fuera perfecto, que desaparecieran inmediatamente las injusticias, el sufrimiento o el pecado. Sin embargo, el Señor nos invita a la paciencia, a no dejarnos vencer por el desánimo y a seguir sembrando el bien incluso cuando parece que la cizaña ocupa demasiado espacio.
La respuesta cristiana no consiste en desesperarse ni en señalar constantemente el mal de los demás. Jesús nos anima a cuidar el trigo, a fortalecer aquello que da vida, a crecer en la fe, en la esperanza y en la caridad. Será Dios quien, en el momento oportuno, haga justicia con misericordia y sabiduría.
En medio de las dificultades personales, sociales y del mundo entero, el discípulo de Cristo está llamado a ser buena semilla: sembrar reconciliación donde hay enfrentamiento, esperanza donde reina el miedo, generosidad donde aparece el egoísmo y paz allí donde otros siembran división.
Que este domingo pidamos al Señor un corazón paciente, capaz de confiar en Él, incluso cuando no comprendemos todo lo que sucede a nuestro alrededor. Que nunca dejemos de sembrar el bien, porque toda semilla buena, aunque tarde en dar fruto, acaba produciendo una cosecha abundante en las manos de Dios.
Feliz domingo. Nos vemos en la Eucaristía.
Horarios de Eucaristías
- 11:00 h. Nuestra Señora de El Pilar.
- 12:15 h. Ermita de San Amaro.
- 13:15 h. San Antonio Abad.
Lectura del santo evangelio (Mateo 13, 24-30)
En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente diciendo:
«El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras los hombres dormían, un enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo:
“Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?”.
Él les dijo:
“Un enemigo lo ha hecho”.
Los criados le preguntan:
“¿Quieres que vayamos a arrancarla?”.
Pero él les respondió:
“No, que al recoger la cizaña podéis arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y cuando llegue la siega diré a los segadores: arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero”».